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 Bajo la Alborada [Fan-Fic]

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Wayra
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MensajeTema: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Jue Jul 24, 2014 11:26 am

Esta historia tratara sobre la historia de Zira cambiando varias cosas, mi teoria acerca de que Spooty y Zira son la misma leona. El primero fue su primer nombre pero lo cambio al conocer a Taka, para no tener un nombre que le recordase constantemente su pasado.

UNA PEQUEÑA INTRODUCCIÓN

Desde que Simba retomó su poder como rey y las tierras oscuras retornaron a su habitual claridad, la paz en Prideland regresó, y el número de crías aumentó considerablemente, pues las leonas comían más y los machos que solían acercarse a aquel reino embarazaban a más de unas, aunque pocos se hacían cargo de sus cachorros, dejándolos junto a sus madres. Simba, por esa razón, decidió impedir que forasteros con malas intenciones se acercaran a Prideland, cosa que alegró a las cazadoras. Normalmente, premiaban a las hembras porque obviamente la fuerza de un león supera al de la leona, que, aunque se resiste luchando y gritando, acababan con aquel futuro.
Al cabo de unas semanas, Simba se armó de valor para confesar sus sentimientos a la amada y pedirle matrimonio. Nala parecía desconcertada y aturdida, pero pronto esbozó una sonrisa y besó al monarca en los labios, sellando su amor y aceptando con un dulce silencio su proposición. Ambos decidieron casarse cuando el viejo babuino, Rafiki, se recuperara de las heridas provocadas por Scar. Sus arañazos, poco a poco cicatrizaron, pero la del corazón aún faltaba. Los insultos y amenazas de Scar lograron cambiar su parecer; se mostraba dubitativo cada vez que las leonas se enfrentaban a una presa grande y le pedían consejos. Y él, guiado por su miedo, solía responder que cada uno es libre de escoger lo que quiere hacer, pero que “querer” no es sólo desear cumplir un próposito, sino también cargar con lo que te va a acontecer.
Finalmente, llegó el día en que el que los monarcas contraerían matrimonio. Los animales festejaron el acto de mil maneras distintas; los elefantes expulsaron el aire por sus trompas, similando el sonido de trompetas; las cabras saltaban con excitación por La Roca del Rey y ya encima de ella, alrededor de los nuevos monarcas. Entre ese ambiente tan agitado y alegre, todos ellos entonaron una canción, bien conocida:

Hakuna matata,
vive y se feliz.
Ningún problemas,
debe hacerte sufir
Lo más fácil es saber decir...


En el estribillo, sólo cantaron los loros:

¡HAKUNA MATATA!

Y entre una y otra animada canción, pasaron la tarde, mientras que en Las Lejanías, unas leonas de aspecto frío y contextura flaca, planeaban la forma en que conquistar Prideland. Zira, recostada en el duro suelo, observaba su alrededor en silencio. Aún lloraba amargamente la muerte de su esposo Scar, pero le vengaría; asesinaría lo más querido para Simba y algo en su interior le decía que para eso no faltaba demasiado. Por parte de las leonas, se relamían al pensar en que pronto convivirían junto a uno de los más grandes reinos: Prideland. Todas trazaban un plan, acorde con los puntos débiles y las ventajas de aquella manada enemiga.

IMAGEN: ACOMPAÑANTE DEL CAPÍTULO:
 

------------------------------------
Este capitulo, se, no es muy interesante, pero es solo una pequeña introduccion. En el siguiente capi comenzara a desarrollarse la accion.
¡Bye!
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Nagini
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Lun Jul 28, 2014 12:16 pm

Prometí que leería tu fic y lo cumplí. Debo admitir que no esperé que fuese así. En verdad me deja perpleja, es hermosa historia. Para mí es muy interesante. Y me encanta tu forma de narrar, eso es lo que más me sorprendió. ¡Te has ganado una lectora permanente! Pero no prometo comentar siempre, pues hay veces que nada me viene a la mente para expresar lo que pude sentir durante la lectura. Eso me pasa a menudo. Pero no significa que haya dejado de leerte.
¡Continúa pronto, por favor! ¡No lo dejes así! Ya quiero ver qué planean Zira y sus leonas, tan odiosas y rencorosas como siempre...

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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Lun Jul 28, 2014 2:00 pm

Me alegro mucho que te agrade el fic  Very Happy  Very Happy
En verdad la historia va a dar un giro. Es una historia, pero dentro de ella hay historias, por ejemplo el pasado de Zira desde mi punto de vista.
El prólogo lo hice hace bastante tiempo, poco menos que el año pasado, pero deje de escribir porque suelo redactar relatos cortos en papel, me da mas inspiración, no se porqué. Pero luego pense en proseguirlo con ideas renovadas, un estilo cambiado, evolucionado, y mas imaginación por la experiencia, tanto por haber vivido mas como por haber conversado mas, por haber cambiado de pareceres, gustos, opiniones, haber conocido a gente fantastica o haber desentrañado otras bellas personalidades en mis familiares, amigos mas cercanos, profesores y demás. También creo que es experiencia registrarme en foros y compartir temas y gustos, pues de todas las opiniones de aprende.
Y ya paro, que estoy cambiando el tema.
En fin, los siguientes capitulos son distintos. Pronto los traeré.
Usaré este dia para cambiar ciertos aspectos de la historia.
Bye!

Edito:
Aquí esta el primer capitulo, ojala les agrade;

Capítulo I.

Las tierras oscuras, un montículo de nubes que envuelve el cielo y las ramas muertas abrazados sobre una nube de gas incoloro. Las leonas, reunidas alrededor de una gigantesca roca, contemplan absortas, con los rostros demacrados por la tiranía y los recuerdos vacíos, a su soberana, la Reina Zira, la esposa de su antiguo señor, Scar. Sentadas y mirando ciegamente el ángulo recto que une a la tierra con Zira, todas ellas esperan que su señora retome la palabra en el tan esperado plan por la conclusión del destino de Simba y sus leonas.
   -Asesinaremos al Rey y alzaremos nuestra gloria bajo todas ellas; dictaremos el nuevo reinado y Scar será el dios que girará en torno a toda nuestra decisiones. -Las hembras se desenvuelven inundando el aire de sus gritos y risas maliciosas, semejantes a hienas-. Si tienen algo que agregar o una pregunta, háganla acá o callen.
   Durante unos segundos nadie contesta, todas clavan sus ojos macabros y envisten con la mirada a Zira, necesitados de que prosiga su discurso. Coge aire, dispuesta a cumplir los deseos de su manada, intenta hablar, pero una figura menuda e infantil, la desconcierta con una pregunta.
   -Mamá, no sabemos quién eres. ¿Nos lo cuentas?
   Un silencio incauto se adueñó del lugar. Las hojas resbalaban como puños de rosetas por los acantilados, por el viento que sufría en silencio su prohibido romance con la luna. Zira permanecía en silencio; sentía que el alma se desvanecía lentamente como una brasa al rojo vivo, y luego se deslizaba bajo sus ojos, en un enorme río de lágrimas.
   -Yo... Yo... -tartamudeó.
   -Reina, no es más que una chicuela que ha venido a arruinarnos el día con sus juegos infantiles y fatalistas.
   Una leona fiel a su reina empujó a la cachorra, que de no ser porque se agarró con las garras en la carne de la leona, habría caído sin remedio al suelo. Esta gritó y se zarandeó; probó a arrojarla a la arena polvorienta, pero falló en su ataque, pues la cachorra se deshizo de su agarre y le esquivó.
   -¡PAREN! -rugió de pronto la leona-. ¡Esta leoncilla ha dicho algo que deben saber! ¡Y yo se lo explicaré!
   El grito de Zira resonó en la sala y la pequeña pelea acabó, aunque indispuesta la leona, quien lanzó una mirada acuchillada a Vitani, que no se la sostuvo y rápidamente la clavó en el cuerpo de su madre.

En Prideland, no sólo habitaban monarcas, centuriones y mayordomos, también familias que componían el Clan pridelander y ayudaban a su desarrollo positivo. Entre esas familias, cabe destacar una que tuvo cierta revelancia y protagonizó uno de los eventos más importantes entre la historia del Reino.
 En una época, alejada de la generación de Mohatu, una gran manada de leonas se aposentó en Prideland, en vísperas de que era un lugar apacible, perfecto para cuatro perros sarnosos exiliados de sus respectivos hogares. Azucena, cuando joven, había sido una leona hermosa, con los ojos brillandes y delicados, tan refulgurantes que su madre siempre contaba a sus amigos que sería la envidia de todas las hembras, que se casaría con un macho bondadoso y fuerte, y tendría una gran camada que luego abandonarían aquel Clan para buscar el suyo propio y que regresarían tras meses desaparecidos del ámbito familiar, con cachorros y esposa. En cambio, ella había sido un desastre. Su historia podría haber cambiado, haber sido una leona galante y cumplido los sueños de su amada progenitora. Pero ella quería ser libre como el mar, como las olas que rompen contra las rocas y luego atemorizan deliberadamente a la arena, para lamerla, como un desfile de erotismo natural e intensificado. Por eso, acababa de abandonar su manada, para vivir una vida independiente, sin normas, pero llena de trabajos, tales como cazar para proveer a sus socias de alimento, al igual que ellas, quienes también tendían su mano a las demás leonas. Pero los conflictos entre todas las integrantes, que pensaban que no poseían los mismos derechos que las demás, pronto consiguió que los lazos entre todas ellas se rompieran y, por caminos distintos pero igual de peligrosos, todas ellas marcharon. Luego, Azucena se desposó con un joven león, de contextura flaca, debilucho, frío y tan distante que siempre parecía dispuesto a volar al cielo y fundirse con una nube, para no tener en ella más trabajo que el de observar al sol naciente cada mañana. Su carácter de mujercita abierta y extrovertida también le trajo problemas; las disputas entre sus distintas libertades, tan diferentes, volcaron rápidamente la relación. Pero una luz de había depositado en el interior se Azucena sin ella saberlo. Y esa era yo. En mis años mozos, mamá no me permitía alejarme del pequeño territorio que habíamos encontrado. Era muy complicado sobrevivir y más para mí controlar mis ganas de vivir la vida como cualquier cachorro. Todos los días, en cuanto amanecía, mamá cazaba y me encondía detrás de una mata de arbustos, donde solía ver miles de hormigas y bichos campantes, que pronto desaparecían tras otros matojos y ramas secas. La soledad que solía conducir las horas y el día me desconcertaban. No sabía muy bien cuál era mi sitio en este mundo. No podía ser la Soledad. Ella ahondaba en mi alma, mi espíritu. Ella era la razón de que me pasase la tarde pensando. Incluso durante los miles de aguaceros que humedecían las hojas de los árboles y cubrían de rocío las plantas, incluso cuando los pájaron cesaban su canto y se ocultaban entre las sombras, yo permanecía detrás de esos matorrales, a la espera de Azucena. A veces, el hambre me consumía, pues en ocasiones mamá no lograba cazar nada y llegaba por la noche, para desvanecerse en un jergón de tierra, que le sabía a gloria. Y yo, muerta de hambre, me limitaba a contemplar su cuerpo sudado, sus carnes de armiño que oscurecía la noche. Y la luna, que doraba sus ojos avellana y los plateaba; ella reflejaba en los míos, carmesí, una esperanza que me dotaba de ilusión y aniñaba mis más sentidos rasgos. Un día, sin embargo, Azucena desapareció más tiempo que nunca, cuatro días seguidos, para regresar el cuarto, con una desagradable sorpresa: estaba embarazada. Cayó en un charco de lágrimas, llorando y rugiendo. Una lágrima, un siniestro bajo de muerte que resonaba en las paredes de nuestra propia mente. Dos lágrimas, la nostalgia humedecía el rotoño tiempo con una capa de remilgos. Tres lágrimas, la tortura retornaba a nuestras vidas, reencarnada en una adorable leoncilla que me quería y me acompañaba en mis pensamientos con los suyos, despiertos y atentos, los cuales me obligaban a contemplarla, ensimismada. Su actitud de guerrera maduró demasiado rápido y enseguida comenzó a planear, silenciosamente, un futuro en el que incluía a toda su familia: mamá, ella y yo.
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Bhati
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Lun Jul 28, 2014 6:49 pm

Oh!!! es una historia muy interesante, pero lo mejor de todo es tu hermosa narración  Razz , me recuerda a los hermosos poemas de un libro que tengo, sigue pronto ¿si?

Rugidos!!!!!!   

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Zira
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Mar Jul 29, 2014 3:42 pm

Me gusta tu historia es muy interesante,ya quiero ver la continuacion.Me encanto el relato de zira es muy wow.

Rugidos
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Jue Jul 31, 2014 5:42 am

Gracias por sus comentarios. Tengo en una carpeta una serie de capítulos y el prólogo y tambien los tengo publicados en un foro, LPDS, pero quiza el siguiente tarde mas, pues el capitulo era muy corto y nunca me ha gustado traer un capi corto porque al final acabo sin ganas de escribir mas, luego empiezo con menos... Y asi me ocurre siempre asi que intentare tambien añadir a ese capi contenido del siguiente 


Capítulo II
2ª parte de la historia de Zira

Mamá estaba cazando y, como es costumbre, yo permanecía escondida en el follaje. La calma se respiraba en el ambiente; el cielo, ceniciento y ensombrecido, giraba sobre mi cabeza. Unas nubes, sobre él, danzaban al son del tiempo. El viento mecía ligeramente mis mejillas, las rozaba y una extraña humedad las rociaba. Entrecerré los ojos; pesadamente, me descubrí ante la naturaleza. Necesitaba correr, escapar de esa cárcel. Nadie podía apresar la libertad, y yo la deseaba desesperadamente. Tocar el infinito con las patas, sentir el sudor recorriendo mis patas, mi cuerpo, y correr al lado de mis amigos. Cuánto deseaba unos amigos con los que jugar, compartir mis tonterías de la infancia. Sentir que la vida formaba parte de mi vida. Y que la amistad era moneda corrienta. Sonreír, gemir, probar el viento y la lluvia en mi boca. ¡Y una manada! Pero eso no sucedería. Yo no quería sobrevivir, sino vivir. ¡Lo haría, nadie me lo impediría! Levanté el rostro entumecido, los ojos dilatados mirando al frente y las patas arrastrando el polvo de la tierra. Libre, pura, egoísta, una niña como otra cualquiera. Si lograba huir de los territorios de mamá, conseguiría escapar y cumpliría mis sueños. Buscaría un clan, formaría parte de él y borraría mi pasado. Si por el contrario mamá me encontraba, jamás me lo perdonaría. Podría esconder sus lágrimas, tristezas, pero este acto de desagrado, egocentrismo hacia alguien que siempre había intentado darme la mejor vida, nunca me lo disculparía. Sin embargo, tensé los músculos y avancé con una velocidad de mil caballos, respirando apresuradamente y con los ojos puestos en el futuro. 
  -Mamá -pensé-. Lo siento...
Me había equivocado, sin embargo, al sólo mencionar a mi madre, pues de pronto un pequeño bulto oscuro emergió de las entrañas de nuestro hogar. Desde sus ojos, cual profundas sierpres, naufragaban marineras lágrimas, que se adherían a mi corazón tierna y débilmente, sin yo saber cómo apartarlas. Finalmente, dije:
-Vete con mamá. Yo no puedo cuidarte a todos horas y menos ahora. Me marcho de aquí, Dotty, pero para siempre.
-¿Y yo... no te puedo acompañar, Spooty? -preguntó lánguidamente, secándose la espuma de mar que aún le recorría las mejillas.
Su pregunta me azotó con rudeza e intenté buscar una razón lógica para poder negarle el derecho a acompañarme. Contesté, casi enojada por su súbita aparición:
-Estaremos mucho tiempo de viaje antes de encontrar una manada, y las gacelas son demasiado veloces como para que yo las alcance en su carrera, así que seguramente no podremos comer casi en semanas. Tú no aguantarías, yo es probable que sí. Es un riesgo, pero la libertad es el bien más grande del ser vivo.
-No es verdad, has estado mucho tiempo pensándolo... Simple y llanamente no te es grata ni mi compañía ni mis palabras. ¡Hermana mía, por favor!
Y casi se arrodilló delante de mí, mientras que sollozaba su mortal quietud. Pero con un gesto de rechazo, nuestras almas se quebraron en un abandono casi irreal, pero inundado por el vínculo que acababa de partirse en una fila de cartas de naipe.
 Sin dignarme a mirarla, marché entonces para siempre. Como una fugitiva, una forastera, me fundí con las hojas y el viento. Ya no retornaría. Escondí las lágrimas y el corazón bajo la noche, que se acercaba rauda y veloz. La luna, erótica con sus pechos de piedra y la blancura que se mimetizaba con la noche, me contemplaba y velaba por mis sueños. Parpadeaba con una luz mortecina y pura, y yo lloré bajo su ser, porque sabía que acunaba mi alma. Ese vestido, hermosísimo, melancólico y parecido a la muerte, besaba mis mejillas húmedas y las curaba. Me acurruqué en un árbol. Mientras ocurrían todas esas acciones, sucedía en mi mente una discordia entre la conciencia y la inconsciencia. Pero rápidamente se apagaron mis pensamientos y me sumergí en un sueño sin letargo que me durmió hasta el amanecer.
  La noche sucedió bastante rápido. La luna se apagaba lentamente; el sol aparecía al principio como un recuerdo apenas imperceptible del redondo astro circular que proporcionaba un arte al mundo, al alma, que sin él no se podría sentir la melancolía del cielo. 
  Comencé el viaje. Sin conocimientos, sin saber que los forasteros no son bienvenidos.
-----------------------------
-----------------------------
La cegadora y débil luz del sol alumbraba mi camino. Saltaba por el espeso follage, inocentemente y atemorizada por el paso de mi historia. Mas no por el de mi viaje. Era una aventura desconocida y que excitaba todos mis sentidos, erizaba todos y cada uno de mis cabellos y enredaba aquella experiencia con risas y juegos. Diversión sola, sin nadie con quién compartirla. Mi vida había transcurrido prácticamente en soledad; no recordaba momento dichoso junto a nadie, siquiera mi madre. Ella cazaba y, al regresar, se tumbaba exhausta para repetir el monótono proceso día tras día. Ahora, sin embargo, me sentía más entrsietcida, más empujada a retornar a mi hogar. Pero no podía. Aquel lugar ya no era para mí, jamás volvería a ser bienvenida. Lo había abandonado, cobarde de mí, y mamá no confiaría nunca más en dejarme a cargo de los matojos. Había traicionado su propio amor, ese sentimiento de delicado gusto que dulcificaba en cierto modo los propios problemas. Aunque no desapareciesen, era una belleza que no podría jamás olvidar. Mis patas corrieron, mientras las lágrimas surcaban rumorosas por mis ojos y escondía tras pensamientos superficiales mis propios ánimos por vencer el miedo y orgullo que me transchonaban.
   Me acurruqué al lado de un árbol y lloré enraviado. Dejé fluir libremente las lágrimas, me sequé los ojos y sentí un duro golpe en los párpados. Qué sentimiento más puro, ese diablo que se cuela en el alma para derruir su estela y luego las lágrimas la cosen nuevamente. No podía permanecer allí, menos en aquellas condiciones. Así que, levántandome y sorviéndome la desdicha, firme proseguí aquella hazaña.
  -¡Eh, tú, ni un paso más! ¡Ni uno! -gritó una voz.
  Eso me alarmó y durante unos segundos las anteriores ideas se dilueron para dar paso a otra peor: la muerte. Yo era la extraña, una pútrida exiliada de la sociedad. Me agazapé bajó la abundante hierva. Un caudaloso río se extendía cerca de mi territorio. Portaba una agua cristalina, que doraban las estrellas por la noche y el cielo durante la mañana. Mi portal de escape. Si lograba llegar a él y lanzarme, tendría una pequeña posibilidad de supervivencia. Concentrando todas mis energías en su reflejo, me abalancé con todas mis fuerzas, impulsándome con las patas.
   El desconocido no pensaba dejarme escapar. Siguió mi zancada lo más rápido que sus patas le permitieron. ¡Era un cachorro, de mi misma edad! Su pelaje azabache y sus pequeñas y rudas patas me sirvieron para averiguar que aquel niño no era un niño, a pesar de su condición, sino un pobre leoncillo al que habían arrebatado la mejor etapa de su vida. Ese cuerpo flaco, inexorable ante ese manto pegajoso y sucio de pelo, cual una rata desnuda, enseñando esos clavos bajo su cuerpo, su alma de hierro. ¡Con cuánto dolor huí de esa vaga visión, tan vagabunda!
   -¡Tú no te vas! -rugió y me agarró clavándome los colmillos en la pata.
   Grité con todos mis fuerzas, zarandeándome y revolviéndome histérica. Me deshice rápidamente de su agarre, en cuanto lo arrojé duramente contra el suelo, pero la propia experiencia me estrelló directamente sobre la arena y el polvo.
   Intentó incorporarse, pero yo me levanté antes y le pise con gesto amenazador el cuerpo, con lo cual, como un perrito faldero, no movió un sólo músculo y me escuchó hasta la última palabra.
  -Bien. Cuando te sueltes, me explicarás dónde vives. Si es una manada me asentaré en él. ¿De acuerdo?
  -S... sí -tartamudeó.
  Entonces lo dejé en libertad como si de un pajarillo amaestrado se tratara.
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Sáb Ago 02, 2014 1:33 pm

Decidi traerles ayer el tercer capitulo, quiza no traerlo pero almenos empezarlo. Al final paso lo que paso, empece a mirar temas en el foro y el tiempo voló. Realmente fue un día de ordenador muy tonto porque ademas ni siquiera comenté .-. No quiero repetirlo así que por hacer algo de provecho continuaré con la historia y veré si puedo acabarla.
Gracias en serio a los queridos lectores que aunque no comenten leen esta historia y pueden gozar con ella.
Seguramente los capitulos no estarán tan continuados como hoy, que tengo inspiración, pero intentaré que los plazos de tiempo no se eternicen

Capítulo III


 Una vez libre, replegó el cuerpo entero y dejó al descubierto filosas garras que en seguida, como un cachorro no escarmentado de una mala conducta, comenzó a utilizar, arrojándose en picado sobre mí y lanzándome sablazos y empujones, que con inútil maestría probé yo a bordear, mas él me hundía las garras sobre el estómago y el esternón, mientras un potente dolor rojizo fluía soliviantado por nuevos golpes que me enardecían los ojos y el corazón, hasta que caí alborotada sobre el suelo, en un gesto buscando su compasión, demorada por nuestras mutuas represalias.
-Levanta -ordenó, en un tono frío que no admitía represalias, ni siquiera ante aquel charco de sangre que se amontonaba como cadáveres mustios sobre el suelo-. Te curaré con las heridas, con la condición de que te largues y te olvides de mí, porque los demás muchachos que conmigo conviven no querrían ver a ninguna cachorra ignorante en el arte de la lucha y la hipocresía.
 Asentí con un levo gesto de cabeza, pero el dolor se extendía sobre mi piel enfermiza, que ya se confundía con los huesos. Mis más frágiles facciones de niña dieron paso a una velocidad vertiginosa a unas más adultas y compactas, y pronto me cambiaron el rostro hasta deformarlo, seguramente por acción de la mala alimentación y la falta de agua y recursos, los cuales poco a poco también ayudaron a forjarme un carácter reprimido en un bálsamo de esperanzas que no coagularon a la misma velocidad que mis heridas, una vez el extraño cachorro me las vendó, con una planta cuyo nombre reservó al misterio, por razones igual de enigmáticas.
-Gracias -le contesté, cuando me aplicó de forma entera la medicina.
-En cuestión de horas -me explicó, omitiendo mi agradecimiento-, verás como te sientes mejor. No puedo hacer más por ti, lo siento, sólo te pido que te marches y no retornes a este lugar jamás.
 Esbocé una sonrisa, arqueando la comisura de los labios, pues no le guardaba rencor por la batalla; al fin y al cabo, había sido yo la que le tomé por un enemigo. Él no me la devolvió, realizando un gesto áspero y dominante ordenándome abandonar la cueva, pero yo, que aún poseía un alma inocente y bondadosa, en una situación donde los únicos que sobrevivían eran faisanes y cínicos, probé a atisbar en sus ojos claros el fondo de su belleza racional, pero sólo logré hallar pequeños destellos de luz, provocados por una mera acción óptica del sol, que se alzaba errante y bohemio sobre el cielo sucio e impotente al que yo me enfrentaría en más de una ocasión.
-Bien. Adiós, magistral médico -bromeé, intentando despertar en él su risa y, aunque mi primario objetivo no lo alcancé, sí que sonrió levemente.
 Nunca supe su nombre, incluso dudo la posesión de dicho reconocimiento. Pero quedó en mi subconsciente como el marco de la miseria cultural y ética, sobre cuyo corazón hastiado podría haber florecido un cultivo fértil en cariño y calor. Supuse desde ese momento que la vida no acataba ningún código moral, sino simplemente el del poder, el de la riqueza, que ella recogería también de mí, y me regalaría fortuna y galantes amores, de no ser porque no le podía pagar con nada, ni siquiera podía prestarle mi alma, quebrada por las astillas de la ilógica. Poco a poco, aquel pequeño territorio comenzó a perderse en el horizonte, consumido por el tiempo que lo rodeaba de las horruras y de oscuridad.
Caminé sin descanso durante varias horas, sin apagar los ojos, en cuyo reflejo se proyectaba la luna danzante. No podía cerrar ni un momento los párpados, ni siquiera ante el sueño que me recorría los nervios, adormeciéndomelos. Si decaía ante un soplo de somnoliencia, las hienas que merodeasen por el lugar me desgarrarían la poca carne que me quedaba, devorándome los órganos progresivamente, en tanto que me explotasen las úlceras y me desgarrase la piel, y el llanto sucumbido a la razón de la falta de alma, que ya no podría siquiera desprender envuelta en lágrimas y corazonadas. Entre pensamientos funestos, sin alimento ni comida, acabé sobre el suelo, desgastadas las pocas fuerzas que me sostenían.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
-¡Oigan, apártense de ella! -escuché rugir.
Abrí uno de los párpados y giré lentamente la cabeza. Atisbé, aunque tenía la vista nublada, una pata de músculos tensados. Levanté la cabeza, y me di de bruces con un rostro enervado de furia. De aspecto famélico, el león, joven y enclenque, contemplaba a las hienas que momentos atrás, y como descubrí anteriormente, habían estado disputándose mi carne, que seguramente por poca, me salvó la vida.
-Ya, ya nos vamos -contestó una de las hienas-. Esta cachorra acabará muriendo de flaca, y tú también principito. Entonces, serán nuestros.
Y, bajo aquellos mantos ocres, desaparecieron mimetizándose con los colores ocres de Las Lejanías. Contemplé a mi salvador de forma admirativa, suspirando atontada. Él cortó mi cantinela con un bufido.
-¿Qué haces aquí? -me increpó-. Estas son las tierras de mi padre Ahadi, no un estercolero donde tú puedas campar a tus anchas y atraer a las hienas.
Rompí a llorar, y por cuestiones que aún pienso, cargó conmigo, mientras deseaba fundirme con la ligera ventisca que rociaba nuestros rostros.
-¡Y encima tengo que cargar con un bebé llorica! -se quejó, visiblemente molesto. Me abracé a él, no obstante, aún llorosa, como se deben abrazar los mártires a sus fieles salvadores.


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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Dom Ago 03, 2014 2:12 pm

He pensado en continuar ya que llevo pensando este capítulo toda la mañana, desde que me he despertado.
Les digo que en mi fic, Spooty y Zira, repito, son la misma leona, nomás que Spooty se cambio el nombre a Zira cuando conocio a Taka pues no quería recordar el pasado junto a su madre ni tampoco su traición.
Otra cosa, para terminar, en este fic además Mufasa se "enamora" (o al menos siente un gran atractivo por Zira) e incluso intenta seducirla apesar que... Bueno no quiero quitar la emoción XD
Por último, apartir de ahora hasta que no llegue a una pagina en concreto, no dare por terminado el capi asi que hasta otra actualizacion del fic no aparece "Capitulo..." sino que formara parte de ese capi anterior. No se si me explique, estoy segura que lo etenderan sin embargo.



Mientras él caminaba, cargándome sobre su espalda, razoné acerca de las palabras de aquella hiena. "Principito" lo había llamado, cuando aquel joven enclenque de rostro famélico parecía más un vagabundo que un heredero al trono. Contemplé sus ojos, achinados como los dragones de las leyendas japonesas, de un color esmeralda apagado, cual un escarabajo de barniz tapizado. Sus patas, no obstante, rechinaban en contraste con su cuerpo, pues eran robustos, como de acero esmaltado, y arrastraban la tierra que quedaba amontonada al lado de las acacias y los pinos, que producían de redobles de tambores.
Levanté la mirada hacia el cielo, desde donde despuntaba la alborada del sur. La luz, en un juego de fuegos y luces, abrió la bocaza de colores dorados y engulló el cielo hasta pintarlo de color carmín. El sol comenzó acabecear ahogado en su locura, y sus constantes batimientos de alas pronto fueron extendiéndose como un mar de lágrimas hasta disiparse con el contacto de las olas y el tiempo... El pequeño príncipe marchitaba con cada zancada una flor y un matojo que crecían libres sobre la tierra, a la espera de la llegada de un nuevo día.
-¿Quién eres, mocosa? -me preguntó frunciendo el ceño y observándome con desdén.
-Me llamo... -comencé, pero una voz en mí cortó la respuesta. Mentí-: Zira me llamo, me llamo Zira.
-¿Zira te llamas, te llamas Zira? -se burló. Acto seguido, me habló comprensivo-. No te preocupes. Entiendo que estés nerviosa. Es la primera vez que hablas conmigo, y estás en unas condiciones físicas lamentables.
-Tampoco llevo andando tanto. Sólo dos días, pero cuando vivía con mi madre, apenas comía. No teníamos manada, y mi madre llegó un día y se desplomó en el suelo, llorando enloqueciendo: estaba embarazada. Otro cachorro más que debía procurar alimento. La necesidad de libertad, de amistad, de cariño, necesitaba sentirla... Y escapé de mi madre, de su atención, de sus deseos por brindarme una vida mejor.
-Deja de pensar en esa idiota. Ante las adversidades y el delirio, la única forma es huir. Yo lo he intentado muchas veces; esas mismas hienas de las que te he defendido me prometieron un mejor futuro, pero jamás cumplieron su promesa, y cuando vi que una cachorra estaba apunto de morir en sus fauces, rugí y, como viste, marcharon como las cobardes que son.
-Vaya... Veo que la muerte de un inocente te importó mucho -reí.
Él asintió divertido, aunque enseguida se mostró nuevamente serio. Oteé el paisaje que íbamos perdiendo; las ramas muertas de las acacias lo ocultaban, mas las telaraña de mis recuerdos permaneció allí, barriendo del olvido a aquel cachorro con quien me había enfrentado, a la extraña planta con la que me había curado y, especialmente, a la marca que aún perdura: aquel trozo de carne desgarrado por culpa de la pelea. Jamás dirigí mis pasos hacia la aureola del recuerdo, que se nublaba delante de mis ojos, mientras la culpa se ensanchaba cubriéndome, cual un abrigo de besos y abrazos, el alma de una sensación repulsiva hacia mi propia persona. Repulsión que se transformó en despecho, asesinando la última espiga de inocencia que habitaba en mí
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Guillotina
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Lun Ago 04, 2014 9:19 am

linda historia querida amiga (¿O hermana mia?) ojala la sigas me encanto la narracion se ve que eres una buena prosista y amo las metaferas ademas que esta muy interesante la historia a mi parecer esta tomando unos buenos giros
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Mar Ago 05, 2014 1:54 pm

(Hermanos que somos, mas que amigos, mi querido Miguel Ángel)
¡Me alegro que te pasases por este humilde fic que escribo para el disfrute de mis camaradas!  Smile Smile
Ojalá no te disguste este Fan-Ficción.
------------
Bueno aca traigo la siguiente parte del capi. ¡Disfruten!



La Roca del Rey se divisaba en la espesura de la naturaleza. Taka caminaba destrozando las flores y los hiervajos, que se sacudían violentamente, sujetándose a sus patas y a sus pequeñas pezuñas, en un tirabuzón. Su joven cuerpo, flaco y debiluho, semejante a una gárgola derramando ensueños sobre la tierra, impregnada de cándidos perfumes y besos maternales, se asemejaba a mis ojos infantiles un amante melancólico que rehuyese su alma y pernoctase la mía, aprisionada bajo la coraza de su espalda. Tomé uno de los cabellos de su melena y comencé a jugar con él, sin hablarle sobre nada, sumida enteramente en la violación corporal de aquel pelo azabache que permitía las caricias, y casi parecía desearlas, de aquella muestra de cariño que le mostraba, con algo de malicia, quizá como una introducción al prólogo de la pubertad que ya atacaba mis senos y los crecía, en una carrera contra la que luchaba, sin modo alguno. La vida no se detenía ante los influjos de la miseria ni de la pobreza, presa del pánico al tiempo.
-Llegamos.
Abandoné su espalda y también la visión de su melena aún en desarrollo. Crucé una mirada a Prideland y, en el momento en que mi alma encontró la placidez, se escuchó cercana una risa, emergida del silencio en que se iban sumiendo nuestros órganos. No giré la cabeza, pues una sensación de calma amortajaba mis sentidos. La plañidez, no obstante, sucumbió ante la rapidez de aquellas patas que se acercaban sin el más mínimo pudor.
-¡Taka, hermano! He visto que andabas tan silencioso que me he propuesto darte un susto, pero veo que estás con una chica. ¿Tu novia? Ya sabes que tu prometida es Sarafina y no puedes...
-¡Calla! Ella es Zira, una leona a la que he encontrado apunto de ser devorada por esas feas carroñeras, las hienas. No mi novia. Yo ya sé que Sarafina es mi novia formal. ¿No creerías que iba a engañar a ninguna pobre muchacha para luego dejarla? No seas tan cazurro. Parece mentira que vayas a ser el rey con semejantes prejuicios...
Mufasa lo cortó y con un gesto descarado, remendó el discurso de Taka, que no parecía importarle lo más mínimo. Luego, me lanzó una ojeada y esbozó una sonrisa. Aparentaba querer dorar mi cuerpo con la mirada por tanto que lo observaba. Envilecido por una extraña lujuria, me contemplaba de los pies a la cabeza, como si fuese el espejo de una diosa del párnaso.
-Eres preciosa. Pero ¿de dónde sales? Nunca te vi por Prideland.
-Soy... una forastera. No pertenezco a este clan. Ni siquiera sé adónde voy.
-Sí lo sabes -ante mi estupefacción, Taka me guiñó el ojo en un gesto de complicidad-. Ella va a ser muy pronto del clan. La llevo para que tu papaíto -esta palabra la dijo en un acceso de sorna- me dé su consentimiento. Y no sigas mirándola, memo. No es tu colega ni tu noviecita, ¡Es mi colega! Recuerda que Sarabi se casará contigo
-¡Ni lo pensaba! -Mufasa enrojeció-. Haced lo que queráis, pero cuídate tú, Taka, de papá. ¡Está muy nervioso por enseñarme cómo ser un buen rey! Prepara listas con enseñanzas, técnicas y hazañas de otros reyes, pero no sabe cómo endosarlo todo para hacérmelo ameno ni cómo saber si lo he entendido.
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Vie Ago 08, 2014 7:39 pm

El tiempo transcurrió en Prideland calmo y sereno, sin ningún tipo de ocurrencia en especial. Mufasa me trataba como a su hermana pequeña, enseñándome las propiedades curativas de algunas plantas, las hazañas de grandes reyes del pasado y compartiendo a mi lado noches y amaneceres. Taka, por otro lado, me incorporó a su extraña tertulia en compañía de las asesinas que antaño habían intentado devorar mi cuerpo (¿o huesos?), donde conocí a sus amigas, Shenzi, Ed y Banzay, tres hienas idiotas que vivían en las Lejanías junto a una tribu de hienas. Ahadi, su padre, despreciaba a las carroñeras e impedía el paso a todas ellas, pero Taka, que gustaba de ir siempre contracorriente, se divertía jugando y riendo con sus amigas, sin siquiera pensar en el peligro al que estaba expuesto brindando su amistad a aquellas exiliadas.
En el cielo reinaba una brisa helada que revestía de cierta calidez la fría esbeltez del suelo de la cueva. Mufasa, Taka, Sarabi y Sarafina, dos amigas de los hermanos, y yo, contemplábamos en un silencio encendido las luces abiertas en lustrosos pétalos de nácar por la celebración del nacimiento de Nuka, el tercer hijo de Uru y Ahadi, y cuyo futuro le ofrecería un hueco en Prideland para siempre. De repente, y tras atisbar en el cielo un montículo de estrellas más luminosas que el resto, recordé una historia que Mufasa me había contado cierto día en que observábamos bramar el cielo nocturno, y pregunté:
-¿Creen que esas estrellas son Reyes del Pasado?
-¡Por supuesto que no! -rugió Taka, exultante, dispuesto a cambiar el humor del espectáculo-. Eso son memeces de papá, que no sabe ni cómo entretener a las masas...
El semblante de Taka se oscurecía cada vez que alguien nombraba cualquier tema relacionado con su padre. Desde que Mufasa había nombrado a Mufasa como el heredero al trono, por el mero hecho de que su musculatura había alcanzado unas dimensiones impropias de un cachorro, Taka se airaba y desmentía toda hazaña que no tuviese cabidad en el campo de la razón.
-Taka, por favor -terció Mufasa, con un tono de voz que no admitía réplica, siempre en un aurea majestuosa-, Ahadi es un gran rey y nuestro padre. Sé que estás dolido pero debes entender por fin que si me ha escogido a mí es porque yo poesía más cualidades que tú. Ser monarca no es un juego, como juntarse con un grupo de perros sarnosos de Las Lejanías, que a ti tantísimo te gustan.
Taka, presa de la rabia y el desprecio, se lanzó sobre sus cortas patas sobre el cuerpo de su hermano, en un intento por embestirlo y atraparlo para poder sentirse superior a Mufasa y destinado aunque indirectamente al trono, pero Mufasa ya presentía aquel golpe y lo lanzó contra la hierba seca con la fuerza de sus patas, que ya se tensaban como las de un monarca adulto contra un enemigo. La sangre cándida de su juventud se había disuelto entre el río de penurias a las que se debe exponer un rey. Sangre fría que no diferenciaba hermano de atentado contra la corona.
-¡Mufasa, déjalo! -sollozaba Sarabi, revolviéndose histérica, puesto que Mufasa ahogaba a su hermano con la mayor naturalidad de la sabana africana.
-Sí, eso haré, pero porque eres tú, Sarita -y lo soltó.
Taka, como una alimaña, corrió a esconderse entre las sombras de la noche, las cuales eran las únicas que parecían comprenderlo. Respiró dificultosamente hasta captar su color natural. Sin decir ni una palabras, y lanzándonos miradas odiosas, se marchó a dormir a la cueva, en compañía de Nuka, acurrucado bajo su jergón de lana, peludo. Taka sólo buscaba calor. Y sólo los cachorros le entendían. Arrastró a Nuka y el sueño lo abrazó efusivamente. Detrás de la cueva, yo admiraba su inocencia con ojos culpables.
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Bhati
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Vie Ago 08, 2014 8:32 pm

Buen capitulo amiga (disculpa si no comenté antes), me encanta la forma en que narras, me haces sentir como si estuviera en la escena, le diste un buen giro a la historia con Nuka. Sigue pronto tienes gran fluidez!!

Rugidos!!!!!!!!

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Zira
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Vie Ago 08, 2014 8:55 pm

Muy bueno el capitulo,me a encantado,ya quiero ver que es lo que pasara despues sigue asi.

Saludos amistosos
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Dom Ago 17, 2014 12:27 pm

Tenía hace tiempo el siguiente capítulo completamente escrito pero sin querer lo borre, no me acordaba que lo tenia escrito y cerre todas las pestañas de la compu  Evil or Very Mad Entre eso y que mi madre me estaba regañando por que dejase el ordenador, al final no volvi a escribirlo. Luego estuve ocupada escribiendo artículos y el one- shot "La reencarnación del alma" y pues además tenía pereza pero hoy me la pienso desquitar.
Quiero hacer un pequeño giro en la trama. Segun mi teoría, Scar y Sarabi si estaban enamorados (o lo estuvieron en un momento), pero Ahadi los obligó a separarse y Mufasa logró seducirla posteriormente. De ahi que Taka se sintiese traicionado y en TLK1, le golpease, ademas de por su "insolencia", porque se sentía dolido de las traiciones en su juventud. Pero este capítulo tratará sobre la cicatriz de Scar.

Al día siguiente de aquella disputada, originada por mí, supuse que Taka probaría a vengarse como siempre intentaba siempre que alguien lo ridiculizaba delante de una multitud. No obstante, Taka me buscó hasta dar conmigo, tumbada sobre la hierba seca, rociada por la tenue luz del sol vespertino. Me zarandeó varias veces y me jaló la cola, juguetonamente, lanzándome vestigios de dicha que me transmitieron una seguridad que pocos segundos atrás había perdido, ante mi incertidumbre de pensar cómo habría repercutido aquella discusión en nuestra relación. Sonreí ansiosa por hablar con él, pero con un gesto distinguido de elegancia, me acalló, y habló él, agitando su melena adolescente, azabache y larga, como signo de su limpia madurez, cual el golpe sereno de un bisturí:
-Mi querida Zira, no vuelvas a pensar en lo que ayer sucedió. Te prometo que en esta noche lo he olvidado. No quiero perder más amigo, mucho menos por culpa del andrajoso de Mufasa. Te quiero Zira, amiga mía, hermana, no creas que te guardo rencor y menos que este discurso sea una hipocresía.
-Soy yo la que te debe una diculpa -me lamenté, incorporándome-. No volveré a mencionar nada de los Reyes del Pasado. Desde esta vez, he comprobado que no pueden existir un grupo de reyes que amen esta tierra. Si no, nos habrían defendido de todas esas injurias.
-¿Y sabes cómo? -bromeó Taka, en una blasfemia claramente intencionada-. Sin existir. Los Reyes del Pasado sólo han creado problemas, y siempre que recuerdo a ellos, me acuerdo de la fiereza de Mufasa. Algún día le daré su merecido, y tú me ayudarás, ¿No es así?
No quería crear violencia entre nadie, mas, tras titubear un poco en mi respuesta, coloqué mi brazo sobre su hombre, y asentí con firmeza.
-Bien. ¿Quieres venir a mi tertulia, con las hienas? Estarán encantadas de tener una invitada.
Se me removieron las tripas al escuchar ese nombre, pero no podía negar su generoso ofrecimiento.
-De acuerdo. Luego no te quejes si digo alguna tontería. Sabes que no entiendo mucho de bichos ni de carroña -y formé una mueca de asco.
Nos adentramos entre matojos de hierba, bajamos una cuesta repleta de rocas y polvo, deslizándonos de panza y riendo mientras bordeábamos las piedras que se atrevían a dificultar nuestro viaje. Finalmente, una telaraña de indecible belleza nos mostró las Lejanías, egoístas y cínicas, escondidas por un cúmulo de piedras que, con el paso del tiempo, se habían transformado en un montículo de suciedad, y que significaba para Prideland como el sol para diferenciar los dominios del clan del legado de las hienas, pues el primer rey pridelander, Pervaya, las había utilizado para impedir el paso de las hienas, al principio fieles servidoras del clan pero, posteriormente, ante la traición al rey, fueron encerradas allí como castigo. Según una leyenda que perduraba en Prideland, las hienas eran en un principio del mismo color que los guepardos pero cuando sus pieles sufrieron el contacto de la oscuridad y las humedad, cambiaron a un color ocre.
Con naturalidad, la traspasamos. Shenzi, Ed y Banzay nos esperaban mostrando sus trastornados rostros, y Ed reía a carcajada suelta, disparando sus risas como balas de pistolas, las cuales estrellaban sobre el humor de Taka, idiotizándolo un poco. No era una risa normal, sino una que hartaba e incluso airaba en cierto modo.
-¡Hola, principito! -saludó Shenzi, la líder-. ¡Ah, hola nenita!
-¡Sí, eso, hola! -Banzay golpeó en la entrepierna a Ed, para que contestase también. Ante el súbito golpe, las risas se disiparon y su rostro se contrajo en un dolor intenso y sublime.
-¿Cómo estáis? ¿No hace mucho que tú no vienes? -me preguntó Shenzi.
-Bastante, pero aquí mi buen amigo me instó para que lo hiciera.
Disimulé mi sarcasmo, pero creo que Shenzi lo descubrió entre la maraña de palabras, pues no me volvió a dirigir una sola vez ninguna frase.
-¿Y bien, príncipe, no te ha pasado nada con tu padre? Después de esto...
-Calla. No repitas nunca más esto. Yo no persigo la gloria, lo sabes. Vengo a veros porque sois los únicos animales gentiles de la sabana. ¡Cómo me gustaría haber nacido hiena, se los prometo!
-No es nacer hiena, es criarse como una hiena.
Cuanto más los escuchaba, más pedante me resultaba seguir allí. Si Taka halló en mis ojos el tedio, lo disimuló para que aquel debate perdurase un tiempo indefinido.
-¡Así es, Shenzi! La crianza es lo que nos convierte en el animal que reencarnamos. La pena es que mi máscara se ha transformado en mi carne. Ahadi lo ha logrado.
-Bueno, chiquita, ¿Tú qué dices?
-Ella nunca se ha sentido hiena. No puede opinar nada acá.
-¿Y tú cómo te crees?
-Leona: eso es lo que soy. No es la crianza, ni cómo te veas. Es cómo te ven los demás y cómo has nacido. Quien nace león, es león, y lo es para toda la vida.
Antes de que lograsen contradecirme, Ahadi, en compañía de Mufasa, aparecieron de improviso por la cueva. Lanzaron un rugido que amedrentó el frío y el silencio del lugar; al ser una cueva, el eco del rugido inundó mis oídos. Los tapé rápidamente, por miedo a que el sonido se extendiese a mi mente.
-¡Taka, mal hijo, bastardo inmundo! ¿Te crié para que me traicionases de forma tan putrefacta?
Mufasa se mantuvo con la mirada cabizbaja, sin querer mirar a nadie. La culpa era suya. Había hecho lo que los reyes estaban pronosticados a realizar: hazañas que sólo contentaban a su casta. Crucé con él una mirada. Parecía asustado e incluso amedrentado de su bajo golpe.
Ahadi no tardó ni un sólo segundo en colocarse frente a Taka. Un golpe limpio cruzó su ojos, formando una línea ensangrentada de la que se derramaba, no sólo sangre, sino también el alma y la última pizca de amor en aquel cachorro. Sus lágrimas rodaban, pendiendo de sus mejillas y aterrizaban en el suelo, incoloras y superficiales para Ahadi. A sus ojos, ya no era su hijo, ni para él su padre.
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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Miér Ago 27, 2014 11:12 am

Ahadi ordenó a Taka que se marchase a Prideland, con un gesto firme y defraudado, que no encontró sostén en su hijo, quien, tras aquel golpe limpio, le había dejado una mancha en el ojo, que se extendería ensuciando su alma hasta trastornar su mente y sus ánimos. Mientras las lágrimas rondaban por sus ojos como escarpias de acero, Mufasa probó a amedrentar a las hienas con un fuerte, aunque soterrado rugido. Los músculos de su garganta florecían sobre el collar de sus cuerdas vocales, aflorando un grito propio de un adulto, a pesar que su estatura y melena aún no coincidiesen con dicha imagen. Apenas era un adolescente, que pronto entraría en su madurez, y ya a mis ojos se mostraba como un rey indigno de tal puesto, rencoroso y encelado en su poder.
El temor me inundó cuando posó sobre mí sus ojos. Creí que intentaba vaciar con ellos mi esencia y pensé incluso en que desaparecería, despertando sola y desnutrida sobre el sol que calcina los huesos y la piel, desgarrándotela y transformándote en aire y pasto para los animales. Aunque ese era el lugar, supuse, donde Mufasa creía que yo pertenecía.
-Vuelve a Prideland y escóndete al menos unas horas; si no, Ahadi también tomará justicia sobre ti. Eso no lo quiero, por más extraño que te pueda parecer. Quiero que tú misma te descalabres la cabeza con tu falta de intelecto. Nunca pensé que fueses tan tonta, pero es normal, los forasteros sois todos iguales.
No moví un sólo músculo y esperé a que mis patas expulsasen raíces para quedar unida a Las Lejanías. Por primera vez en aquel día, pensé que tal vez ser presa de la muerte significaba lo mismo: unirme con el tiempo y las criaturas que habían guiado mi suerte y mi vida, tras aquella perdición de mi madre y mi hermana, por razones falsarias y egoístas, por forjarme un futuro que jamás me había pertenecido. Ahora lo pagaría todo con vergüenza y amores fracasados. Se me empañaron los cristales de los ojos con un aguacero de lágrimas que, sofocadas ante la situación, me ardieron el ánimo, sin querer brotar de la cárcel de mi alma. Mufasa seguía contemplándome, ofuscada en mi pudor, pero tal vez ni siquiera me observaba a mí, sino al estridente sollozo que inundaba la cueva, muerta de relámpagos y sangre. Taka observaba la cicatriz de su ojo derecho, que liberaba destellos de luz rojiza, cual un aquelarre de demonios y herejes. Lagrimeó
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Bhati
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Miér Ago 27, 2014 3:34 pm

Oh!! Pobre taka, es un buen capítulo amiga, me encanta como es la narración, me hace sentir tanta tristeza por taka Sad (ni que fuera algo tan grave como para dejarle una herida tan profunda, ya no me agrada Ahadi (o al menos en esta versión))

Espero que continúes pronto amiga y Rugidos!!!!

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Wayra
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Jue Ago 28, 2014 1:45 pm

No sólo derramaba lágrimas, sino aquella valía y el reconocimiento que perseguía de su padre; él también parecía desear ese amor, el mismo respeto que Ahadi le había negado desde siempre, el sustento de su cariño. Ahora, enflaquecido por el dolor del desprecio, de la repugnancia paterna, perduraba una púa en su ojo, alegato final de su triste y aislada existencia. 
Ahadi, parado bajo la misma sombra del primer momento, mantenía un rostro intacto ante el llanto de su hijo. No obstante, cuando percibió que Taka ni siquiera escuchaba su orden y lloraba, pero rezagado, indiferente a sus palabras, lanzó un nuevo rugido, sin demasiada convicción. Tal vez aún quedaba en su alma un resquicio de sentimiento ante tan maltratada sangre suya.
-¡He dicho que te largues! Yo tengo aquí temas que solucionar primero. 
-Jamás -replicó, sorviéndose las lágrimas y descerrajando con una única palabra todo el orgullo de su progenitor.
-¿Cómo que no? Taka, no estás en posición de replicar -le contestó Mufasa, mostrando un pecho amplio y robusto.
-¡No me vuelvas a llamar Taka! -Desenvainó la espada de sus garras, afiladas cual bisturíes-. Ese cachorro murió en el camino de la vida. No permitiré que me ninguneéis más. A partir de ahora, soy Scar. Si aprecian sus vidas, será mejor que acatéis este deseo, el único y último que les pido. 
-¡¿Cómo has dicho?! ¿Insinúas acaso que has llevado una vida tormentosa conmigo como padre? ¿O a Uru como madre? ¿Dijiste último? ¿Primero? ¡Repite, maldito bastardo, porque esta vez no volverás a vernos! ¡Ni a nosotros ni a nadie! Realizaré yo el cometido de tu muerte, si tanta pena corroe tu vivir. 
-Tak... Scar, haz caso a Padre. Sabes que él está profundamente herido por tamaña traición. En absoluto querría ver sus ánimos más crispados todavía, ni que tú actúes como la víctima. Ha hecho mucho por ti, para que vivas como un sultán, para que no te falte nada. No quieras matarlo con tus burdas palabras.
-¿Él? ¿Qué? ¿Engendrarme para luego llamarme Taka, que significa basura? ¿Para luego tirarme al contenedor sólo porque no llegaré a ser rey nunca? Tú sí que puedes agradecérselo, mas yo abandono estos parajes hoy mismo. 
Ahadi objetó, embriagado por la situación, en un tono firme y serio, que no admitía réplica posible:
-Tú mismo construiste este puente con tu acción y tu chulería, así que creo que dicha sentencia es visiblemente justa: estás exiliado de aquí, del Clan Pridelander. Tienes paso libre. Despídete de quien quieras. 
Mufasa sintió el corazón constreñido pues, aunque Taka era un rebelde, no quería separarse de su propio hermano. Lo quería, necesitaba que lo comprendiese. A pesar de haber actuado como un chivato, con celos de sus amistades, no podía evitar apartar el rencor de sí ante su pérdida. Con una mirada portadora de odio por parte de Scar (¿o sería Taka todavía?), permitió que Mufasa le acariciara la melena aún en desarrollo. Sin embargo, la manifestación de afecto no duró demasiado, pues Scar, cuando entrevió una posibilidad de venganza, se lanzó, cual bestia no escarmentada, se arrojó sobre su hermano. Ahadi probó inútilmente a golpear, zarandear y morder al aprendiz de asesino. Ante la presión que ejercía la pata de Scar sobre el cuello de Mufasa, las últimas bocanadas de aire medraban peligrosamente, y los ojos de Mufasa se cerraban en incansable aspavientos y convulsiones rápidas. 
-¡Para, Scar, para, no conviertas tu cuerpo en la guarida de un asesino! -sollocé, y su mano, temblando, soltó el cuello de Mufasa. Rápidamente, este se colocó, respirando fuertemente para recuperar la tonalidad normal, al lado de su padre.
-¡Fuera de aquí! ¡No regreses! ¡Ve a que te den matanza esos perros sarnosos!
-Con gusto -dijo esbozando una sarcástica sonrisa. Su rostro se antojaría a cualquier león cruel, como la de un loco.
Partió, con los ojos de Mufasa, llorosos y remilgados, puestos en él.
Corrí impulsándome fuertemente con las patas, abandonando de a poco Prideland para alcanzar, por fin, a mi viajero, que, asustado por aquella tentativa de asesinato, ya no parecía pensar que conocía el punto donde acababa su persona.

Le jalé la cola y él, luchando por apartarme, finalmente me lanzó una dentellada seca en la oreja y me succionó un pequeño hueco. El trozo, cual la tela de un lustroso cabello, comenzó a desangrarme, pero ni siquiera pensé en el duro golpe recibido, pues en esos momentos el único pensamiento que me mantenía en cavilaciones opacaba cualquier pensamiento o sensación. Mi alma había quedado desvaída, cobijada bajo la intemperie de mi cuerpo, retorciéndose ansiosa por devolverme a la realidad de mi aspecto, a la realidad del amigo que me había asestada un zarpazo, a pesar de saber que yo era la única leona capaz de perdonar todo sufrimiento realizado por él.
-¡¿Cómo es posible que hayas intentado asesinar a tu hermano?! ¿Esa es la bestia que guardan tus entretelas?
-Calla, Zira. Ya no sé hasta donde llega mi odio. Sólo entiendo que no nací ni para gobernar ni deseo nacer para servir. Mufasa halló refugio en la familia, y toda la manada siempre manifestó su cariño por él. Para mí quedan las sobras, el desprecio. Esta cicatriz me lo recordará por siempre.
-¡¿Pero acaso eso es razón para que quieras acabar con su vida?! ¡El único malvado es Ahadi, pero Mufasa te quiere bien, y seguro que si te disculpas con él, sabrá perdonarte, quedará todo en el olvido!
-¡¿Quieres ser tú la primera en caer muerta?! -El rencor comprimido de Scar deseaba surgir de él. Por primera vez, sentí que comprendía su postura-. ¡No lo haré, no caeré tan bajo! ¡No soy un lacayo! Lo poco que me queda de orgullo no lo perderé en rogar su perdón. Sabes bien, Zira, aunque no quieras verme de semejante forma, que el asesino no nace como tal y la vida es quien lo decide.
Emprendió su rumbo, pero unos pequeños gemidos emergieron de mi adolorido ánimo para caer sobre la melancolía de sus recuerdos.
-Puedes venir conmigo, si quieres.
No contesté. De pronto, noté el incesante gorgojeo de sangre que inundaba mis sienes. Necesitaba apaciguar el dolor de mi oído con líquido. Pero no me envalentonaba lo suficiente como para confesárselo a Scar, quien además me había provocado aquella herida.


Capítulo IV
Muere el diamante
Las noticias, como las leyendes y los romances populares, viajaban en boca de los animales, que cambiaban su significado, olvidaban detalles y los enmendaban de igual forma con otros. Zazú, cuando fue nombrado el nuevo mayordomo real, tras el retiro de su madre, quebró con la fuerza de sus alas el color del cielo, pues Uru, la reina de Prideland, había muerto por una epidemia mortal a la cual se exponían sobre todo las hembras y él era el encargado de expandir el anuncio. Rafiki intentó buscar una solución al problema pero, debido a que la enfermedad superaba sus conocimientos como médico, informó a las criaturas pridelanders que se cuidasen de no infectarse con dicho virus, pues corrían el riesgo de transmitirlo a sus compañeros.
Zazú nos descubrió durmiendo nuestro ligero sueño bajo el sol. Una cubierta de nubes impedía el paso de los rayos del sol sobre nosotros, con lo cual permanecíamos acunados por los brazos de Morfeo. Abrí uno de los párpados para atisbar al ave, sorprendida del encuentro con el anterior príncipe Taka, pero mantuvo las formas en todo momento.
-Señorito Taka -comenzó y la voz le tembló, quizá temeroso-, no sabe cuán pesarosos se sumen todos los pridelanders y las leonas de su antigua manada. Tal vez buscando un futuro mejor, abandonó Prideland, pero debido a que lo hallo por aquí, estoy seguro de que la voluntad de su madre, Uru, era que supiese de su muerte.
-¿Y tú por qué sabes eso? Con clariviscencia sé que ella jamás guardaría en la caja de su alma aprecio por mí. Después de todo el mal que causé, sería necesario que su pobre mente me apartase de sí misma.
-Creo que se equivoca... Nunca se olvidó de usted. Las madres aquejan rellanos de lágrimos hasta cuando no vemos que afloren de sus ojos.
-Uru... Oh, madre, ¿Por qué no me despedí de ella? -suspiró.
Creo que vislumbré en el pozo de sus ojos una ardua lágrima que escapaba, presa del tiempo y la lejanía aún más ilusionada. Yo, no obstante, no sabía cómo reaccionar.
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Bhati
Timon y Pumbaa
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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   Jue Ago 28, 2014 5:24 pm

Oh, me da tristeza lo de Uru, que triste situación, ni Scar puede deshacerse de la tristeza (ya lo dice el dicho) Que interesante teoría de la como Zira obtuvo su herida en la oreja, eh escuchado muchas teo rías, pero esta es la más interesante (ya que creo que a nadie se le había ocurrido ¡te felicito!)

Espero que continúes pronto...¡¡Rugidos!!

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MensajeTema: Re: Bajo la Alborada [Fan-Fic]   

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